• El gallo viejo, arrastrando sus espolones retorcidos, y con alguna que otra calva en su plumaje, se le acercó y le dijo así: - Bienvenido, me alegro de conocerte compañero... supongo que siendo como eres joven y fuerte, tendrás intención de hacerte el amo del gallinero... ¿no? - Naturalmente abuelo - Contestó el gallo joven- ¿algún problema? - No claro - dijo el gallo viejo- solo que entre compañeros, y delante de las damas te ruego que no me dejes mal, y me des una salida airosa. - ¿Que propones? - Preguntó el jovencito
Pues mira... yo ya no estoy en disposición de pelear, por lo que te sugiero una carrera de tres vueltas alrededor del gallinero - Eso está hecho - dijo el joven muy contento de liquidar el asunto de una forma tan fácil.
• De este modo empezó la carrera, y antes del que el gallo viejo hubiera completado la segunda vuelta, ya tenía al gallo joven pisándole los espolones. Cuando de repente se oyó un tremendo estampido, y el gallo jovencito quedó espanzurrado en el suelo entre un charco de sangre y una nube de plumas
- ¡¡Joder!!- dijo el granjero con una escopeta humeante entre las manos- ¡Es el tercer gallo marica que me venden esta semana!

Un cierto hombre plantó una rosa y la regó fielmente y antes de que floreciera, la examinó.
Vio que el capullo pronto florecería, pero notó espinas en el tallo y pensó:
“¿Cómo puede tan bella flor provenir de una planta cargada de tantas espinas afiladas?” Entristecido por este pensamiento, se olvidó regar la rosa y, justo antes de que pudiera florecer, murió.
Así pasa con mucha gente.
Dentro de cada alma hay una rosa.
Las cualidades que reflejan a Dios colocadas en nosotros al nacer, crecen en medio de las espinas de nuestras fallas.
Muchos de nosotros nos miramos a nosotros mismos y vemos tan sólo las espinas, los defectos.
Nos desesperamos, pensando que nada bueno puede salir de nosotros.
Descuidamos regar lo bueno en nosotros y, eventualmente se muere. Nunca alcanzamos nuestro potencial.
Alguna gente no ven la rosa dentro de sí mismas; alguien más tiene que mostrárselas.
Uno de los grandes dones que una persona puede poseer es la habilidad de llegar más allá de las espinas de otros y hallar la rosa dentro de ellos.
Esta es una de las características del amor… mirar a una persona, conocer sus verdaderas fallas y aceptar a esa persona en nuestra vida… siempre reconociendo la nobleza en su alma. Ayudemos a otros a darse cuenta de que pueden superar sus fallas.
Si les mostramos la “rosa” dentro desí, ellos conquistarán sus espinas. Sólo así florecerán muchas veces.
La Parábola de la Rosa fue escrita por Umair... un estudiante universitario en Arabia Saudita.
POEMA ESCRITO POR EL | RESPUESTA ESCRITA POR ELLA |







