ESPERO QUE ESTO LES LLEGUE PROFUNDAMENTE AL CORAZON, TANTO COMO ME LLEGO A MI...
Un hombre joven estaba de compras en el supermercado, cuando notó que una viejecita lo siguió por todos lados. Si el se paraba, ella se paraba al lado de él y, además, se quedaba mirándolo.
Al fin, camino a la caja, ella se atrevió a hablarle y volteándose le dijo:
“Espero que no lo haya hecho sentirse incomodo; es sólo que usted se parece mucho a mi hijo recién fallecido”..
El joven con un nudo en la garganta, replico que estaba todo bien, que no había problema.
La viejita entonces le dijo:
- Joven, le quiero pedir algo poco común.
El joven le contestó diciéndole:
- Dígame en que puedo ayudarla, señora.
La viejita le dijo que quería que le dijera 'Adiós mamá' cuando se fuera del supermercado, y que esto la haría Muy feliz!
El joven sabiendo que seria un gesto que llenaría el corazón y el espíritu de la viejecita, accedió gustoso. Entonces, mientras la viejita pasaba por la caja registradora se volteo y sonriendo, con la mano le dijo:
- ¡¡¡ADIOS HIJO!!!'
Él, lleno de amor y ternura, le respondió efusivamente:
- ¡¡¡ADIOS MAMA!!!'
El hombre, contento y satisfecho por que seguramente había traído un poco de alegría a la viejecita, continuó pagando sus compras.
- Son $ 623,54 le dijo la cajera.
- ¿Cómo tanto si llevo sólo cinco cosas???
Y la cajera le dice:
- Si, pero su MAMA dijo que usted pagaría por sus cosas también.
Moraleja:
No confíen en ninguna vieja loca que se les acerque en el supermercado!!!
Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria del pueblo. El pueblo era pequeño y el vendedor había llegado pocos días atrás, por lo tanto no era una persona conocida....
En pocos días la gente se dio cuenta de que era un excelente vendedor ya que usaba una técnica muy singular que lograba captar la atención de niños y grandes. En un momento soltó un globo rojo y toda la gente, especialmente los potenciales, pequeños clientes, miraron como el globo remontaba vuelo hacia el cielo.
Luego soltó un globo azul, después uno verde, después uno amarillo, uno blanco...
Todos ellos remontaron vuelo al igual que el globo rojo...
El niño negro, sin embargo, miraba fijamente sin desviar su atención, un globo negro que aún sostenía el vendedor en su mano.
Finalmente decidió acercarse y le preguntó al vendedor: Señor, si soltara usted el globo negro. ¿Subiría tan alto como los demás?
El vendedor sonrió comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: No es el color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay adentro.
Navegando el otro día sentí la curiosidad de saber cuál es la definición de amor, encontré muchísimas respuestas a esa cuestión, pero, en cierta forma, solo hallé una que llamo mi atención y la quise compartir con ustedes.
En una de las salas de un colegio había varios niños.
Uno de ellos preguntó:
– Maestra… ¿qué es el amor?
La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en hora de recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajesen lo que más despertase en ellos el sentimiento del amor.
Los chicos salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:
– Quiero que cada uno muestre lo que trajo consigo.
El primer alumno respondió:
– Yo traje esta flor: ¿no es linda?
– Yo traje esta mariposa. Vea el colorido de sus alas: la voy a colocar en mi colección.
– Yo traje este pichón de pajarito que se cayó del nido ¿no es gracioso?
Terminada la exposición, la maestra notó que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido quieta durante todo el tiempo. Se sentía avergonzada porque no había traído nada.
La maestra se dirigió a ella y le preguntó:
– Muy bien: ¿y vos? ¿no has encontrado nada?
La criatura, tímidamente, respondió:
Disculpe, maestra… Vi la flor y sentí su perfume; pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma por más tiempo. Vi también la mariposa, suave, colorida, pero parecía tan feliz que no tuve el coraje de aprisionarla. Vi también el pichoncito caído entre las hojas, pero… al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre …
Por lo tanto, maestra, traigo conmigo el perfume de la flor, la sensación de libertad de la mariposa y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito.
– ¿Cómo puedo mostrar lo que traje?
La maestra agradeció a la alumna y le dio la nota máxima, considerando que había sido la única que logró percibir que sólo podemos traer el amor en el corazón.











