Lo que viene a continuación son varias preguntas que el hombre se a hecho a si mismo pero no se a atrevido exponer en publico hasta ahora, son pensamientos profundos, dudas existenciales.


Si un abogado enloquece... ¿pierde el juicio?

Si todos los derechos son reservados... ¿qué pasa con los zurdos?

¿Cuantos pájaros en mano corresponden a 450 volando?

¿Los infantes disfrutan de la infancia igual que los adultos del adulterio?

Si hay un mas allá... ¿hay un menos acá?

¿Porque los jugadores de baloncesto se dan la mano al lanzar un tiro libre, lo fallen o lo metan?



Si la piscina es Honda... ¿el mar es Toyota?

Si cuando como huevos me patea el hígado... ¿cuándo coma hígado me pateara los huevos?

¿Porque nuestro planeta se llama Tierra si las 3/4 partes de el son agua?

La vaca hace mu, el perro guau, el gato miau pero ¿que cojones hace la jirafa?

Podríamos estar así toda la vida...

1 - Tome al gato y acúnelo con su brazo izquierdo como si estuviera sosteniendo a un bebé. Posicione el índice y el pulgar de su mano izquierda para aplicar una suave presión a las mejillas del gato mientras sostiene la píldora con la derecha. Cuando el gato abra la boca, arroje la píldora dentro. Permítale cerrar la boca a los efectos de que el gato trague la píldora.


2 - Levante la píldora del suelo y al gato de detrás del sofá. Acune al gato en su brazo izquierdo y repita el proceso.

3 - Traiga al gato del dormitorio y tire la píldora baboseada a la basura.

4 - Tome una nueva píldora de la caja, acune al gato en su brazo izquierdo manteniendo las patas traseras firmemente sujetas con su mano izquierda. Fuerce la apertura de mandíbulas y empuje la píldora dentro de la boca con su dedo medio. Mantenga la boca del gato cerrada mientras cuenta hasta 10.

5 - Saque la píldora de la pecera y al gato de arriba del armario. Llame a su esposa, que está en el jardín.

6 - Arrodíllese en el suelo con el gato firmemente sostenido entre sus rodillas. Mantenga las patas traseras y delanteras quietas. Ignore los gruñidos que el gato emite. Pídale a su esposa que sostenga la cabeza del gato con una mano mientras le abre la boca con una regla de madera. Arroje la píldora dentro y frote vigorosamente la garganta del gato.

7 - Traiga al gato del portarrollos de la cortina. Traiga otra píldora de la caja. Recuerde comprar una nueva regla y reparar las cortinas. Barra cuidadosamente los trozos de figuras de porcelana y póngalos aparte para pegarlos luego.

8 - Envuelva al gato en una toalla grande y pídale a su esposa que lo mantenga estirado, con solo la cabeza visible. Ponga la píldora en una pajita de gaseosa. Abra la boca del gato con un lápiz. Ponga un extremo de la pajita en la boca del gato y el otro en la suya. Sople.

9 - Verifique la caja para asegurarse de que la píldora no es dañina para seres humanos. Beba un vaso de agua para recuperar el sentido del gusto. Aplique apósitos a los brazos de su esposa y limpie la sangre de la alfombra con agua fría y jabón.

10 - Traiga el gato del tejado del vecino. Tome otra píldora. Ponga el gato en el armario y cierre la puerta sobre su cuello, dejando solo la cabeza fuera del mismo. Fuerce la apertura de la boca con una cuchara de postre. Arroje la píldora dentro con una bandita elástica.

11 - Vaya al garage a buscar un destornillador para volver a colocar la puerta del armario en sus bisagras. Apliquese compresas frias en las mejillas y verifique cuándo fue su última dosis de vacuna contra el tétanos. Arroje la remera que tenía puesta en el lavarropas y tome una limpia del dormitorio.

12 - Llame a los bomberos para bajar al gato del árbol de la calle de enfrente. Discúlpese con su vecino que se estrelló contra su reja tratando de escapar del gato furioso. Tome la última píldora de la caja.

13 - Ate las patas delanteras del gato a las traseras con una cuerda. Átelo firmemente a la pata de la mesa de la cocina. Busque guantes de trabajo pesado. Mantenga la boca del gato abierta con una pequeña palanca. Ponga la píldora en la boca seguida de un gran trozo de carne. Mantenga la cabeza vertical y vierta medio litro de agua a través de la garganta del gato para que trague la píldora.

14 - Haga que su esposa lo lleve a la sala de emergencias. Siéntese tranquilamente mientras el doctor venda dedos y frente, y le saca la píldora del ojo. En el camino de vuelta, deténgase en la mueblería para comprar una nueva mesa.

15 - Arregle con una oficina inmobiliaria para comprar una nueva casa para el gato y llame al veterinario para averiguar... si no tiene algún hamster para vender.



·Los romanos y los cartagineses llevaban muchos años luchando en una batalla en la que ninguno de los dos bandos conseguía ganar. Un dia, el jefe romano llama al cartaginés y le dice:




- Llevamos años peleando sin conseguir nada. ¿Que te parece si organizamos una pelea entre dos perros?, y el ejercito cuyo perro gane, se queda con el territorio.



- Pues no esta mal.



- De acuerdo entonces, dentro de un mes quedamos en esta misma explanada, cada uno con su perro.



Pasa el mes y se presentan los romanos con un doberman negro gigantesco, con los ojos rojos inyectados en sangre, echando espuma por la boca... una bestia. Y llegan los cartagineses con un perro salchicha . Los romanos al verlo se empiezan a partir de risa. Se da una señal y empieza el combate. El doberman sale corriendo y cuando llega al otro, el salchicha mueve la cabeza, y de un bocado se zampa al doberman. Los romanos, agobiados, se retiran, pero antes el jefe habla con el cartaginés.



- Con lo que nos ha costado entrenar a esa bestia y...



- Si tú vieras lo que sufrimos para hacerle la cirugía estética al cocodrilo.

En el principio de los tiempos, se reunieron varios


demonios para hacer una travesura.


Uno de ellos dijo:

"Debemos quitarles algo a los humanos, pero,

¿qué les quitamos?".

Después de mucho pensar uno dijo:

"¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad,

pero el problema va a ser dónde esconderla

para que no la puedan encontrar"
Propuso el primero:



"Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo"

....a lo que inmediatamente repuso otro:



"no, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien


puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno,

ya todos sabrán donde está".

Luego propuso otro:



"Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar“

y otro contestó:
"No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien




construirá algún aparato para poder bajar



y entonces la encontrará".

Uno más dijo:




"Escondámosla en un

planeta lejano a la

Tierra".

Y le dijeron: "No, recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien va a



construir una nave en la que pueda viajar a otros

planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán


felicidad".

El último de ellos era un demonio que había permanecido


en silencio escuchando atentamente cada una de las

propuestas de los demás.

Analizó cada una de ellas y entonces dijo:




"Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca

la encuentren".



Todos voltearon asombrados y preguntaron al mismo tiempo:



"¿Dónde?".



El demonio respondió: . . . .

"La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan


ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán".


Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así:


“El humano se pasa la vida buscando la felicidad sin saber


que la trae consigo”.


Había una vez una rosa roja muy bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. Se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca.



Indignada ante lo descubierto le ordenó al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo:

- Está bien, si así lo quieres.



Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa: y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces:



- Vaya que te ves mal. ¿Qué te pasó?



La rosa contestó:

- Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual.



El sapo solo contestó:

- Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín.





Moraleja:





Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos más que ellos, más bellos o simplemente que no nos "sirven" para nada. Dios no hace a nadie para que esté sobrando en este mundo, todos tenemos algo que aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni siquiera estemos conscientes

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