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A menudo aprendemos mucho de nuestros hijos. Hace algún tiempo, un
amigo castigo a su hija de tres años por desperdiciar un rollo completo de papel dorado para envolturas. Estaban escasos de dinero y el se puso furioso cuando la niña trato de decorar una caja.
A pesar de todo, la pequeña niña le llevo el regalo a su papá la mañana siguiente y le dijo:
- Esto es para ti, papi.
El se sintió avergonzado de su reacción anterior, pero su enojo volvió cuando vio la caja vacía.
Él le gritó:
- ¿No sabes que cuando uno da un regalo, se supone que haya algo dentro?
La pequeña niña lo miró con lagrimas en sus ojos y dijo:
- Papi, no esta vacía, yo tire besitos dentro de la caja, todos para ti, papito.
El padre se sintió destrozado. El rodeo con sus brazos a su hijita y le rogó que lo perdonara. Mi amigo me dijo que él conservó aquella caja dorada junto a su cama por años. Cuando el se sentía desanimado, sacaba uno de aquellos besos en el aire y recordaba el amor con que una niña los había depositado allí.
amigo castigo a su hija de tres años por desperdiciar un rollo completo de papel dorado para envolturas. Estaban escasos de dinero y el se puso furioso cuando la niña trato de decorar una caja.
A pesar de todo, la pequeña niña le llevo el regalo a su papá la mañana siguiente y le dijo:
- Esto es para ti, papi.
El se sintió avergonzado de su reacción anterior, pero su enojo volvió cuando vio la caja vacía.
Él le gritó:
- ¿No sabes que cuando uno da un regalo, se supone que haya algo dentro?
La pequeña niña lo miró con lagrimas en sus ojos y dijo:
- Papi, no esta vacía, yo tire besitos dentro de la caja, todos para ti, papito.
El padre se sintió destrozado. El rodeo con sus brazos a su hijita y le rogó que lo perdonara. Mi amigo me dijo que él conservó aquella caja dorada junto a su cama por años. Cuando el se sentía desanimado, sacaba uno de aquellos besos en el aire y recordaba el amor con que una niña los había depositado allí.
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lucia
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La vida no es más que un viaje por tren: repleto de embarques y desembarques, salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y profundas tristezas en otros. Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con nuestros padres.
se suben también otras personas que nos serán muy especiales.
Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y nuestros maravillosos amores. De las personas que toman este tren, habrá los que lo hagan como un simple paseo, otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje, y habrá otros que, circulando por el tren, estarán siempre listos en ayudar a quien lo necesite.
Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente; otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el asiento.
Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son más queridos, se acomodan en vagones distintos al nuestro.
Por lo tanto, se nos obliga hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego, no se nos impide que durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro vagón y lleguemos a ellos... pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento.
No importa; el viaje se hace de este modo; lleno de desafíos, sueños, fantasías, esperas y despedidas... pero jamás regresos. Entonces, hagamos este viaje de la mejor manera posible.
Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno, lo que tengan de mejor. Recordemos siempre que en algún momento del trayecto,
ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos ya que nosotros también muchas veces titubearemos, y habrá alguien que nos comprenda.
El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos, mucho menos dónde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el que está sentado en el asiento de al lado.
se suben también otras personas que nos serán muy especiales.
Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y nuestros maravillosos amores. De las personas que toman este tren, habrá los que lo hagan como un simple paseo, otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje, y habrá otros que, circulando por el tren, estarán siempre listos en ayudar a quien lo necesite.
Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente; otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el asiento.
Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son más queridos, se acomodan en vagones distintos al nuestro.
Por lo tanto, se nos obliga hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego, no se nos impide que durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro vagón y lleguemos a ellos... pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento.
No importa; el viaje se hace de este modo; lleno de desafíos, sueños, fantasías, esperas y despedidas... pero jamás regresos. Entonces, hagamos este viaje de la mejor manera posible.
Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno, lo que tengan de mejor. Recordemos siempre que en algún momento del trayecto,
ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos ya que nosotros también muchas veces titubearemos, y habrá alguien que nos comprenda.
El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos, mucho menos dónde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el que está sentado en el asiento de al lado.
Amigos, hagamos que nuestra estadía en este tren sea tranquila, que haya valido la pena. Hagamos tanto, para que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío, deje añoranza y lindos recuerdos a los que en el viaje permanezcan.
Publicado por
lucia
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Había un vez un rey.
El rey tenía una bellísima hija,
la princesa.
Pero existía un grave problema.
Todo lo que la princesa tocaba se derretía.
No importaba lo que fuese;
metal,
madera,
plástico
todo lo que tocaba se derretía.
Debido a esto, todos los hombres le temían.
Nadie se atrevía a casarse con ella.
El Rey estaba desesperado.
¿Qué hacer para ayudar a su hija?
Consultó a todos los magos y hechiceros.
Alguien le dio un consejo,
"Si tu hija toca algo, cualquier
cosa, que no se derrita en sus manos,
ella estará curada."
El Rey brincaba de alegría.
Al siguiente día,
estableció una competencia.
Cualquier hombre que le diera algo a su hija,
cualquier objeto que no se derritiera en sus manos, podría desposarla
y así heredar el trono del Rey.
Tres jóvenes príncipes tomaron el reto
El primero de los príncipes le llevó una aleación de los más duros metales.
Pero en el momento,
en el que la princesa lo tocó,
se derritió como hielo en fuego.
El príncipe se retiró triste y acongojado.
El segundo de los príncipes trajo un diamante enorme,
pensando que el diamante, por ser la substancia más dura
en el mundo no se derretiría.
Pero al entregarlo,
y una vez que la princesa lo tocó,
se derritió.
El también se fue decepcionado.
El tercer príncipe se aproximó.
Y le dijo a la princesa,
"Mete tu mano en mí bolsillo y siente que hay ahí adentro."
La princesa hizo lo que le había pedido,
de pronto se puso roja.
Sintió algo duro.
Lo sostuvo en su mano.
Y no se derritió!!!
El Rey estaba inmensamente feliz.
Todo el reino se encontraba regocijado.
Y así el tercer príncipe desposó a la princesa
y vivieron felices para siempre.
Pregunta:
Qué fue lo que agarró la princesa en los pantalones
Eran unas M&M's por supuesto.
“Se derriten en tu boca no en tu mano. “
Eran unas M&M's por supuesto.
“Se derriten en tu boca no en tu mano. “
Publicado por
lucia
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